miércoles, 18 de marzo de 2009

Introducción


Desde la segunda guerra mundial la figura de la unidad europea se hizo viva en los países afectados y grandes políticos cristianos, aunaron sus esfuerzos en un audaz proyecto de futuro. Así, en la Europa occidental, por motivos económicos, nacieron sucesivamente tres comunidades europeas: la del carbón y el acero (CECA), la económica (CEE) y la de la energía atómica (EURATOM). De este modo se asociaron las primeras naciones interesadas y en 1962 nacía la Europa de los seis: Alemania, Bélgica, Francia, Holanda, Italia y Luxemburgo. En 1973 se añadieron Dinamarca, Irlanda y el Reino Unido y surgió la Europa de los nueve. En 1986, con la entrada de España, Grecia y Portugal, se formó la Europa de los doce.
En la actualidad el Acta Única Europea no ha podido entrar plenamente con fuerza el 1 de Enero de 1993 como estaba previsto y el Tratado de Maastricht encuentra diversos obstáculos para su ratificación.
No cabe duda de que los cambios acelerados de los países del Centro y del Este de Europa han tenido su repercusión en el proceso europeo y todavía no se han manifestado todas sus consecuencias.

La Europa Actual

Consideramos conveniente una descripción de la sociedad europea con sus luces y sombras, sus aspectos positivos y negativos.

A. En primer lugar observamos que, en el ámbito principalmente cultural y social, la Europa de hoy presenta el siguiente panorama:

-Se afianzan los valores de la libertad, la democracia, una gran sensibilidad por los derechos humanos, la justicia, la ecología, dignidad de la mujer etc.
-Existe un nivel elevado del saber, la ciencia, la tecnología, la productividad, la organización económica y social, la extensión de los medios de comunicación social...
-Se advierte la necesidad de una renovación espiritual y ética. La familia, célula básica de la sociedad, reclama la máxima atención de los gobernantes y de todas las instituciones religiosas, sociales y culturales.


En estas circunstancias, los países de la Europa occidental se han visto progresivamente invadidos por fuertes corrientes migratorias, tanto desde la Europa oriental como desde los países africanos, latinoamericanos y asiáticos, que vienen empujados por las condiciones dramáticas de sus países de origen. El fenómeno va adquiriendo proporciones alarmantes y provoca en muchas partes una crisis de solidaridad, que se manifiesta en nuevas formas de xenofobia, racismo y antisemitismo.
En los países balcánicos se han desencadenado con furia los nacionalismos exacerbados cuya secuela son las violencias dramáticas, la guerra implacable y los hechos de barbarie, como son las violaciones en masa y la "limpieza étnica" en Bosnia Herzegovina.

B. En el campo religioso, la Europa de hoy está marcada por:

-Una secularización y descristianización crecientes, que debemos interpretar adecuadamente, con sus consecuencias que afectan a la privatización de la fe y a una disminución del sentido de pertenencia eclesial.
-La extensión de la denominada "religiosidad salvaje" que, si por una parte es exponente de una búsqueda de Dios y un retorno a lo sagrado, por otra, en sus expresiones encierra un lastre de superstición y de fanatismo cuando no desemboca en sectas de carácter fundamentalista y totalitario.
-La posibilidad de un mayor intercambio y comunicación entre las Iglesias del Continente europeo, como las actividades organizadas por el Consejo de Conferencias Episcopales de Europa y la Conferencia de Iglesias Europeas o, también, encuentros bilaterales organizados entre Iglesias de un mismo país o de varios.

Conclusión

En la perspectiva actual del futuro de Europa destaca con evidencia la necesidad de construir la verdadera Europa del espíritu. Los primeros pasos del Mercado Único Europeo nos hacen percibir hoy que esta nueva etapa no puede ser vivida en una dimensión exclusiva ni prevalentemente económica y comercial. Es necesaria, además, una renovación cívica, moral y espiritual. Solamente con esta condición España podrá contribuir positivamente a la construcción de la Europa de los ciudadanos y de los pueblos.Es cierto que a la Iglesia no le incumbe aportar soluciones técnicas, pero ella es depositaria de elementos propios para impulsar y acompañar las grandes opciones morales del presente y del futuro de una Europa unida.A España le corresponde colaborar en la construcción de Europa desde su propia historia y desde su personalidad colectiva con la aportación original de unos valores humanizantes. A la vez, España, con su capacidad de acogida, se beneficiara no sólo en el ámbito del comercio y de la economía, sino también con el intercambio de valores culturales.Nos es indispensable a todos un fuerte cambio de mentalidad para poder asumir seriamente los retos del futuro. Es urgente asimismo que, tanto el Estado como los medios de comunicación social y la misma Iglesia, en las áreas respectivas de su competencia, contribuyan a una información objetiva sobre la realidad y una educación gradual de la conciencia en aquellas actitudes que han de configurar la nueva Europa.A partir de 1993 la construcción de Europa plantea también a los españoles estos interrogantes: ¿De qué manera la Europa de los egoísmos podrá convertirse en la Europa de la solidaridad? ¿De qué manera la Europa centrada sobre sí misma podrá transformarla en la Europa abierta al mundo y, especialmente, a los países más necesitados?Esta es la gran empresa que llama imperiosamente a nuestras puertas y estimula nuestra responsabilidad de ciudadanos y de creyentes

martes, 10 de marzo de 2009

La disolución del bloque comunista y la desaparición de la URSS


La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) o Unión Soviética, fue una alianza legítima de estados socialistas, que existió en Eurasia a partir de 1922 hasta 1991. Era a menudo referida impropio como Rusia, por ser su estado constituyente más grande y dominante.
Desde 1945 hasta 1991, en un período conocido como la Guerra Fría, la Unión Soviética y los Estados Unidos de América eran las dos superpotencias mundiales que dominaron la agenda global de la política económica, asuntos exteriores, operaciones militares, intercambio cultural, progresos científicos incluyendo la iniciación de la exploración espacial, y deportes como loa Juegos Olímpicos y Campeonatos Mundiales.
La URSS nació y se amplió como una unión de repúblicas soviéticas formadas dentro del territorio del Imperio Ruso prohibido por la Revolución Rusa de 1917, seguido de la Guerra Civil Rusa de 1918-1921. Los límites geográficos de la Unión Soviética variaron con el tiempo, pero después de las últimas uniones territoriales principales y la ocupación de los países Bálticos, del este de Polonia, Besarabia, y algunos otros territorios durante la Segunda Guerra Mundial, desde 1945 hasta la disolución, los límites correspondieron aproximadamente a aquellos de la víctima Rusia Imperial, con las exclusiones notables de Polonia, la mayor parte de Finlandia, y Alaska.La Unión Soviética llegó a ser el modelo de referencia para futuros estados socialistas durante la Guerra Fría.
El gobierno y la organización política del país fueron definidos por un régimen de partido único, el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS).Al principio establecida como una unión de cuatro repúblicas socialistas soviéticas, la URSS creció conteniendo a los siguientes 15 componentes:
1-RSS de Armenia
2-RSS de Azerbaiyán
3-RSS de Bielorrusia
4-RSS de Estonia
5-RSS de Georgia
6-RSS de Kazajstán
7-RSS de Kirguistán
8-RSS de Letonia
9-RSS de Lituania
10-RSS de Moldavia
11-RSFS de Rusia
12-RSS de Tayikistán
13-RSS de Turkmenistán
14-RSS de Ucrania
15-RSS de Uzbekistán
Las repúblicas fueron parte de una unión federal muy centralizada que fue dominada por la RSFS de Rusia.

La Evolución de Europa occidental


Hasta el Siglo XVII, los europeos consideraban la Historia Universal en términos eurocéntricos. Cuando Cristóbal Celarius dividió la Historia, inventó tres eras (Antigüedad, Edad Media y Tiempos Modernos), separadas por hitos propios de la historia europea. Sin embargo, el estudio progresivo de las historias de otras culturas hizo difícil encajar este modelo en esas respectivas historias, por lo que esta clasificación de las épocas históricas sobrevivió sólo con fines didácticos.

En el Siglo XVIII, Gobineau distinguía siete civilizaciones en la Historia, incluyendo a la Civilización Occidental. El predominio de Occidente sobre el resto del mundo en el Siglo XIX, merced a la diplomacia de las cañoneras, hizo olvidar temporalmente esta concepción atomística de la Historia, hasta que la crisis de confianza experimentada por el mundo occidental después de la Primera Guerra Mundial trajo de nuevo el problema a colación.
Para esa época estaba claro que Estados Unidos era una potencia de primer orden a la par que las potencias europeas, por lo que la noción de Occidente (para referirse a la Europa occidental y cristiana) era insuficiente. En este ambiente fue publicado el libro La decadencia de Occidente, de Oswald Spengler, en el que éste concibe las civilizaciones como entes cerrados que nacen, crecen, luchan por la supervivencia y mueren, distinguiendo claramente al mundo occidental del mundo helénico. Estas ideas serán adoptadas y perfeccionadas por Arnold J. Toynbee en su magno tratado Estudio de la Historia, en donde conceptualiza a Occidente como una civilización cristiana con su época de esplendor en la Edad Media.
En la década de 1990, la concepción toynbeana de un Occidente más o menos cerrado y unido por una tradición cultural cristiana y europea, es reasumida por Samuel Huntington, a la luz del choque de Estados Unidos con el resto del mundo, y adquirirá una nueva popularidad después de los ataques terroristas provocados por los islamistas radicales (la tesis del "choque de civilizaciones").